El exceso de humedad ambiental perjudica nuestra salud

Aunque no seamos conscientes de ello, en nuestros hogares y centros de trabajo, donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, estamos muchas veces rodeados de ácaros, hongos y bacterias producidas por el exceso de humedad ambiental, y minusvaloramos las posibles consecuencias que pueden ejercer sobre nuestra salud. Los valores de humedad saludables varían entre el 40% y el 60%, y es considerado perjudicial a partir del 65%, no tanto por la humedad en sí misma, sino por los microorganismos que pueden reproducirse en las superficies húmedas.

Vivir expuestos a la humedad aumenta pues el riesgo de contraer enfermedades respiratorias como alergias y asma (un nivel de humeda ddel 70% o superior aumenta la posibilidad de contraer infecciones virales y bacterianas), agrava las óseas (especialmente el dolor causado por el reuma, artrosis y artritis) y puede producir graves alergias o patologías dermatológicas como la dermatitis atópica o erupciones cutáneas, que afectan especialmente a ancianos y niños, sensibles a los efectos de ácaros y el moho, al tener un sistema inmunitario poco desarrollado o menos resistente respectivamente.

Así, los ácaros de la humedad son un desencadenante común del asma en los bebés, contribuyen a la aparición de rinitis alérgica, conjuntivitis y aumentan la probabilidad de desarrollar alergias, sobre todo en otoño, cuando más se dan las condiciones de temperatura y humedad que necesitan para crecer, según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Cuando hay humedad ambiental, el vapor se condensa depositándose en las superficies de nuestro hogar, lugar de trabajo, trasteros, sótanos, parkings, etc., sobre superficies como ventanas, paredes, techos, alfombras, muebles, etc. Si la estancia suele ventilarse, el agua condensada normalmente se evaporará con el calor ambiental. Por el contrario, en espacios poco ventilados, las zonas umbrías tenderán a estar siempre húmedas, con lo que se convierten en el lugar ideal para que los ácaros y el moho proliferen por doquier.

Los ácaros son una subespecie de arácnido, de tamaño diminuto e imperceptible a simple vista, de entre 0,1 y 0,5 mm. Para su desarrollo necesitan temperaturas por encima de los 20º C y humedades de entre el 70% y el 80%. Se alimentan de restos de piel y cabello de las personas, de ahí que los encontremos en todos aquellos textiles que mantienen contacto con el cuerpo como colchones, almohadas y alfombras. Si notamos síntomas como el aumento del lagrimeo de ojos, congestión nasal y estornudos, posiblemente sea debido a la presencia de ácaros por humedad ambiental. El 80% de los pacientes asmáticos suelen ser también alérgicos a los ácaros, agravándose los síntomas en ambientes húmedos.

En cuanto veamos en nuestro entorno manchas de moho que desprenden mal olor, debemos acudir a un especialista para acabar con su origen y delimitar de qué tipo de moho se trata y grado de toxicidad. Lugares como cocinas, baños, saunas, invernaderos, floristerías, casas de verano, sótanos, granjas, bodegas, etc., son espacios con una muy alta exposición al moho. Limpiar la superficie manchada con un producto específico no basta para acabar con el moho, hay que contactar con una empresa especializada en acabar definitivamente con las humedades mediante tecnología probada, ya que no deberíamos poner en peligro nuestra salud.

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