Primero debe hacerse un diagnóstico por un experto que confirme esta situación, y que informe al propietario/a de la vivienda (esté o no alquilada). A continuación, pueden darse dos situaciones:
- 1- La mala habitabilidad y uso de la vivienda es la que provoca la humedad por condensación (falta de ventilación, tender dentro de las estancias, uso excesivo de vapores como la cocina, descomunal número de personas residiendo, etc)
- 2- La fachada y otros elementos exteriores están muy deteriorados o porosos, y eso incrementa la humedad en el interior de la vivienda.
En el primer caso, el problema debe asumirlo la propiedad de la vivienda, y acordar con los arrendatarios un correcto uso de la misma y la instalación de un sistema de ventilación por insuflación. La Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) indica que las obras de conservación o mantenimiento de la vivienda corren a cargo del propietario, pero si se hace un mal uso de la misma, deberá pagar el inquilino los gastos.
En el segundo caso, lo más correcto es valorar con la comunidad las necesidades de restauración del edificio, y emplear las revisiones de la ITE para mejorar esta situación. Una vez solventadas, especialmente en los edificios más antiguos, no se garantiza la necesidad de instalar un sistema de ventilación por insuflación.